En la clase del jueves 4 de noviembre hemos debatido el video que habíamos visto en clase, que trata sobre la problemática de los gitanos rumanos y su situación económico social en España.
Ha sido una clase productiva, porque con las aportaciones que hacían los compañeros vimos los términos claves que nos ayudan a reconocer cómo se genera el problema.
Vimos que todo partía de la xenofobia, impulsado a su vez por los problemas económicos por los que atraviesa el país y esto se refleja en los problemas de convivencia, de aceptación y dificultades para la integración.
Las autoridades y las instituciones aprovechan este caos económico-social, donde encuentran fácilmente al “chivo expiatorio” que es reconocido por la población autóctona y se da inicio al caos social, empiezan los debates éticos, se enfrentan grupos culturales, etc. ¿Qué hacer? La pregunta está en el aire, pero es difícil de responder y difícil de aceptar las medidas planteadas, porque siempre habrá alguien que quede afectado.
Si bien es cierto en auges económicos los países europeos abrieron las fronteras para conseguir mano de obra suficiente, pero ahora, en tiempo de crisis, sólo se piensa en salvar a aquellos que se lo merecen más (según los gobernantes).
Conviene más, económicamente hablando, hacer que las personas menos aceptadas cultural y socialmente se vayan y que no formen parte del gasto social. Por otro lado, si se planteara una inversión para impulsar puestos de empleo, talleres de mediación, impulsar la convivencia, intervenir con una educación intercultural y tratar otros puntos que son necesarios para hacer la convivencia lo más inclusiva posible, esto significaría inversión económico-social el cual en estos tiempos de recesión no se quieren asumir.
Como hemos comprobado, es difícil ponerse de un lado o de otro, si las instituciones escogen las soluciones por nosotros y este se apoya despertando el descontento de la población, estamos facilitando esas soluciones poco humanitarias que se toman. Nosotros como futuros profesionales, que formamos parte de la sociedad, podemos proponer otras medidas, buscando una equidad en las partes afectadas.
Es difícil pero no imposible.


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