
Esta entrada refiere a la exposición realizada por mis compañeras de clase la semana pasada, que trataron el tema de las personas con discapacidad intelectual, y tras haber realizado una entrada en donde detallo la intervención educativa que hay que realizar con este colectivo, concretamente con un menor con Síndrome de Asperger (con enlace en el título) prefiero señalar algunos puntos concretos que tuvieron lugar en la exposición.
Para la realización de la exposición las compañeras nos pidieron, a mi y cuatro compis más, para desempeñar un papel concreto durante la exposición. Al inicio me pareció interesante la propuesta, pero luego, después de reflexionarlo un poco, pensé que la mala interpretación de nuestro papel podría dar lugar a burlas con respecto al colectivo de personas con discapacidad intelectual. Algo que muy a menudo veo normalizado en la población en general, y de manera preocupante en mis compañeros de clase (la burla significa falta de respeto y poco o nada de consideración de las diferencias). En la gente común lo entiendo, pero no en mis compañeros de clase, porque se supone que como futuros profesionales debemos estar más concienciados con todos los colectivos con los que en un futuro vamos a intervenir, y por sobre todas las cosas está el respeto a las diferencias e individualidades.
Al finalizar la sesión, y después que cumpliéramos con nuestros roles asignados, hicimos un feedback con la clase, quienes vieron que su comportamiento no había sido el adecuado, sin embargo, quiero ser positiva y quiero pensar que de haberse dado el caso de que viniera una persona con alguna de éstas condiciones, el panorama no habría sido jocoso ni discriminativo, quiero pensar que la dinámica de clase habría sido diferente.
Entrando al debate de por qué somos así, porque creo que en algún momento también caigo en errores, es porque las diferencias llaman mucho la atención, destacan, resaltan de lo "normal" por lo que lo hacen blanco de burlas. Esto también es un aspecto muy cultural, porque todas las intervenciones que se realiza con el colectivo, cualquiera que sea, sólo se centra en atenderles a ellos y sus familiares y no a la población "normalizada", por lo que suceden estas faltas de respeto, de empatía, de concienciación, etc.
Sin embargo, en otros países, en otras culturas, en otras sociedades, los menores de edad, los jóvenes, los adultos y las personas mayores tienen un alto grado de concienciación al respecto, por lo que se cuida de mantener una postura adecuada, respetuosa o acorde con las diferencias, no son paternalistas, simplemente no discriminan, todas las personas somos diferentes de por sí, ni siquiera dos gemelos idénticos son iguales entre sí, por lo tanto, es importante educar a la población en su totalidad, no sólo cuando se dan los casos concretos o cuando nace alguien diferente en la familia.
La educación es la base fundamental del desarrollo de una sociedad integradora, respetuosa, pero sin caer en paternalismos.
Para ello la información es básica, muchas veces por desconocimiento no entendemos las diferencias y eso puede crear conflictos entre iguales (de la misma edad) o subordinados (hijos-padres, estudiantes-profesores). Por lo tanto, queda mucho por trabajar.
Como todo, dependemos de las inversiones sociales que el estado español decida hacer en pos de su población, y de los intereses político-económicos de poner en marcha los objetivos del Estado del Bienestar en profundidad y con objetivos trasversales. Pero debemos tener en claro, que no hace falta pertenecer a una entidad en concreto para difundir lo correcto y adecuado con el ejemplo y en todas las ocasiones.

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